Cornisa
Dos funciones fundamentales La cornisa cumple simultáneamente una función constructiva y una función compositiva que son inseparables en la mayor parte de la historia de la arquitectura. La función constructiva es de carácter hídrico: el vuelo de la cornisa —su salida respecto al plano del muro— desvía el agua de lluvia que cae sobre la cubierta o sobre la fachada hacia el exterior del paramento, impidiendo que discurra por el muro y lo deteriore. Esta función es idéntica a la del alero, con el que la cornisa frecuentemente se confunde o se solapa: cuando el alero existe, la cornisa se sitúa por debajo de él, sosteniéndolo y distribuyendo el agua que el vuelo del tejado arroja hacia el exterior. En los edificios sin cubierta inclinada —los templos griegos de cubierta plana, o el edificio moderno con azotea—, la cornisa asume en solitario la función de proteger el muro superior.
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